El pasado domingo, cuando los cubanos vieron por televisión a Raúl Castro de civil tuvieron claro el escenario: el elegido era él. Su presencia sin el uniforme militar verde olivo, en la VII Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, despejó todas las dudas: el sucesor de Fidel Castro sería otro Castro.
El olfato popular no erró. A los 76 años, el hermano menor del dictador más longevo del planeta, heredó la doble Presidencia del Consejo de Estado y de Ministros. Fuera del legado filial quedó su cargo en el Partido Comunista. Éste es y seguirá siendo patrimonio vitalicio del «insustituible», según palabras de Raúl, Comandante en Jefe de la Revolución Cubana: Fidel Castro Ruz.
Viejos revolucionarios
Despejada la sucesión, la «retaguardia» del segundo Castro que ocupa el poder en medio siglo quedó formada por una nutrida representación de viejos «revolucionarios». Como principal estandarte figura un histórico de armas tomar: José Ramón Machado Ventura (Primer Vicepresidente). Un peldaño más abajo, le siguen los septuagenarios vicepresidentes Juan Almeida Bosque, Abelardo Colomé Ibarra, Esteban Lazo Hernández, Julio Casas Regueiro y, con apenas 54 años, Carlos Lage Dávila, el relevo generacional en el que algunos pensaron -hasta en el último minuto- para Fidel y que, finalmente, no fue.
Estos seis hombres junto con José Miguel Miyar Barruecos (secretario) forman la nueva cúpula del Consejo de Estado cubano que preside Raúl Castro Ruz. Para la gente -equivocada o acertada- simbolizan la posibilidad de cambio de una nación anclada en un pasado y marcada por el viejo sello de la hoz y el martillo.
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