CUBA

Fidel Castro renuncia a la presidencia ¿que pasará con Cuba?

16 de Marzo: Carrera para ver quién avisa primero que empiezan las reformas de Raúl Castro Abril 13, 2008

  Raul

Raúl Castro

 

Diplomáticos, ejecutivos extranjeros y corresponsales compiten en La Habana en una carrera de agudeza y velocidad, para ver quién informa primero del esperado pero aún no concretado comienzo de las reformas que promete el nuevo presidente cubano, Raúl Castro.

Enviados de países, organismos internacionales y multinacionales toman posiciones de avanzada para quedar mejor ubicados cuando la Cuba de Raúl Castro -según esperan- sea distinta de la de su hermano mayor Fidel, que cedió la Presidencia en febrero pasado tras medio siglo en el poder.

Encabezan la carrera, entre otros, representantes del Vaticano, España y la Unión Europea que afirman que en Cuba ha habido ya un cambio y es necesario apoyarlo.

El secretario de Estado del Vaticano, Tarciso Bertone, visitó a Raúl Castro poco después de asumir la Presidencia y dijo que es un hombre “realista y abierto a dialogar”.

La vicepresidenta primera del gobierno español, María Teresa Fernández de la Vega, anunció que su país “está dispuesto, desde el respeto y el diálogo, a acompañar y apoyar el desarrollo de una democracia moderna en Cuba”.

El comisario europeo de Desarrollo, el belga Louis Michel, visitó la semana pasada La Habana y terminó convencido de que hay que levantar las sanciones comunitarias a Cuba para establecer un diálogo político con la isla.

Esta semana Mexico se unió a los punteros, con una visita de su secretaria de Exteriores, Patricia Espinosa, y se anunció que quedaron normalizadas las relaciones bilaterales tras los tiempos tempestuosos del anterior presidente, Vicente Fox, aunque la ministra mexicana no fue recibida por Raúl Castro.

Bertone, Michel y otros evitaron reunirse con líderes de la disidencia interna, que les critican por ello y recuerdan que en Cuba hay aún cientos de presos políticos, aunque cuatro hayan sido liberados y enviados a España en febrero.

En la línea de salida de la carrera, sin intención de competir, sigue el gobierno de Estados Unidos.

El pasado día 7, el presidente George W. Bush dejó claro que no habrá cambios en su política hacia Cuba y se mostró muy crítico con lo que calificó de silencio internacional ante las violaciones de los derechos en la isla.

En el pelotón intermedio de la carrera hay corresponsales que anuncian que habrá “pronto” algunos signos de reforma, como el final de las restricciones legales para que los cubanos de a pie entren en los hoteles o compren computadoras, hornos microondas, equipos de vídeo y tostadoras.

Recuerdan que Raúl Castro ha prometido eliminar prohibiciones, porque hay demasiadas y algunas son absurdas, pero matizan a renglón seguido que está por ver cuántos cubanos comprarán electrodomésticos o se alojarán en hoteles para turistas dados sus ingresos de pocas decenas de dólares al mes.

Algunos incluso ven luces de apertura en el hecho de que la prensa de la isla, toda oficial, aumente sus escasas páginas o publique críticas sobre algunos de los muchos asuntos que no funcionan en la isla.

Pero esas críticas están dirigidas contra los cubanos, a quienes acusan de “indisciplina social”, y no hay la más mínima alusión a un error de los Castro.

“Seamos serios -atajó un diplomático europeo menos optimista-. ¿Las tostadoras son derechos humanos? ¿Cómo ven cambios si Raúl repite que el socialismo y la revolución son intocables y que Fidel sigue siendo el líder?”.

Las esperanzas que albergan muchos extranjeros contrastan con las advertencias del régimen de que las reformas serán paulatinas, “poco a poco”, muy estudiadas, sin violar los principios de la revolución y “dentro del socialismo”.

El diario Granma, portavoz del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, advirtió este viernes a los ciudadanos que no se hagan excesivas ilusiones con las reformas, al tiempo que les pedía más productividad.

“La sed en el desierto genera espejismos”, decía un artículo firmado por el director del periódico, Lázaro Barredo, y censuraba que “algunas personas están a la espera de que el anuncio de determinadas medidas resuelva de por si, de ahora para ahorita, necesidades domésticas acumuladas”.

La nota detallaba enormes dificultades para aplicar algunas reformas anunciadas, como la eliminación de la doble moneda: hay en Cuba un peso fuerte, convertible en divisas, y otro para cubanos, que vale 24 veces menos.

“El pollo de nuestro arroz con pollo se reduce a una ecuación matemática: no es posible esperar a que se resuelvan más necesidades si no se trabaja más”, decía el artículo.

 

Web de la noticia y de la imágen de Raúl Castro: http://www.iblnews.com/story.php?id=35957

 

16 de Marzo: Preparen otra ronda en la guerra de los cócteles Abril 13, 2008

Las intromisiones del representante norteamericano James Cason en la política de Cuba serán continuadas ahora por la Unión Europea. Las recepciones diplomáticas son el campo de batalla.

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Fidel Castro con el canciller Pérez Roque, a la izquierda, y su segundo Ángel Dalmau

 

Cuba y la Unión Europea libran estos días una batalla sorda entre canapés de salmón, cubalibres y croquetitas. La reciente decisión de los Quince de invitar a los disidentes cubanos a las celebraciones que realicen sus embajadas en La Habana con motivo de las fiestas nacionales ha provocado una airada respuesta del gobierno de Fidel Castro, que amenaza con aislar a las misiones diplomáticas europeas en la capital cubana. El gobierno de Castro está profundamente irritado porque, con las invitaciones, se concede a los disidentes la misma importancia que a los funcionarios cubanos.
El ministro de Relaciones Exteriores, Felipe Pérez Roque, ha advertido claramente que si el próximo 14 de julio (fecha en que se celebra el aniversario de la toma de La Bastilla) Francia invita a los opositores a la fiesta en su embajada, las relaciones con la UE se enfriarán todavía más. El domingo, varios opositores confirmaron a este diario que el embajador francés, Jean Levy, ya los ha invitado. En las últimas dos semanas, Roque se ha reunido con empresarios españoles e italianos, con representantes de ONG extranjeras que trabajan en la isla y también con un grupo de 200 intelectuales y artistas cubanos. El objetivo, en todos los casos, ha sido explicar la posición de rechazo de su gobierno a las sanciones diplomáticas adoptadas por la UE el pasado 5 de junio, en represalia por el encarcelamiento de 75 disidentes y el fusilamiento de tres secuestradores de una lancha de pasajeros.
Entre las medidas de la UE, la de invitar a los disidentes a las fiestas nacionales es la que más ha molestado a las autoridades de La Habana. Roque, en los mencionados encuentros, ha dicho que los diplomáticos que inviten a sus recepciones a los “mercenarios” no serán convocados a actos oficiales, deberán realizar cualquier trámite por correo y no tendrán acceso a los ministros y ministerios cubanos, ante los cuales sólo podrán realizar gestiones para resolver asuntos muy concretos y de carácter técnico –como, por ejemplo, realizar los trámites para repatriar un cadáver–. Por supuesto, el boicot incluye también que ningún funcionario cubano, ni siquiera de tercer nivel, pisará una misión diplomática europea.
La crisis de los cócteles ya se ha cobrado sus primeras víctimas: las embajadas del Reino Unido, Holanda e Italia, países que invitaron a los opositores a sus fiestas nacionales –antes incluso de que así lo determinase la UE–. Por supuesto, en el congelador oficial está también España, a quien el gobierno cubano considera responsable de haber arrastrado a la UE a un endurecimiento de la política hacia la isla.

Para ver la información completa visitar la web de la noticia´y la imágen: http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-22426-2003-07-08.html

 

16 de Marzo: Raúl Castro invita por segunda vez a George Bush a normalizar las relaciones entre Cuba y EE.UU Abril 13, 2008

Por segunda vez desde que asumió como presidente, Raúl Castro invitó a George W. Bush esta semana a normalizar las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. La primera había sido en una entrevista concedida al diario Granma a poco de asumir la presidencia de Cuba, el 31 de julio, por la enfermedad de su hermano, Fidel. Esa vez Raúl había sorprendido por la mesura y el respeto con que había tratado al país del Norte, pero sus palabras no habían sido bien recibidas en Washington. Bush, Condi Rice y varios más le habían respondido con insultos y sermones. Bush se había dirigido directamente al pueblo cubano, llamándolo a la insurrección. Tom Shannon no había tenido mejor ocurrencia que llamar al presidente cubano “Fidel light” y enumerar una serie de reformas y medidas que debían adoptarse en la isla antes de hablar de aflojar el embargo.

Bush y Castro

George Bush y Raúl Castro

El domingo, en un discurso público tras un desfile militar para homenajear a Fidel, Raúl Castro reiteró la invitación y mantuvo el respeto y la mesura de sus dichos anteriores.

Esta vez la respuesta fue diferente. En vez de insultos exaltados, silencio. Algún comentario de rigor de voceros institucionales de la presidencia y el Departamento de Estado, pero nada más. Ni siquiera títulos en los grandes diarios, que se ocuparon de Cuba ese día, pero para resaltar la ausencia de Fidel en los festejos de su 80º cumpleaños.

El silencio podría leerse como un ninguneo, y seguramente algo de eso habrá, pero también puede ser el preludio de un cambio de actitud. Es que para el gobierno norteamericano la oferta de Raúl Castro suena más tentadora esta segunda vez.

En agosto la guerra del Líbano todavía ilusionaba a Bush y sólo los republicanos más pesimistas imaginaban la paliza que recibiría el gobierno en las legislativas. Las elecciones del mes pasado no sólo castigaron a Bush y cambiaron la dinámica interna de su país, sino que además pincharon el globo del lobby anticastrista.

En los últimos años, después de mucho remar, los cubanos de Miami habían alcanzado el status de grupo seudoinfluyente en la política local, y lo habían logrado por una circunstancia casi fortuita. Fue en el 2000, cuando la elección entre Bush y Al Gore se decidió por unos pocos votos en el estado de Florida, sureño y conservador, el único lugar del país donde el voto cubano-americano alcanza algún peso.

Una puesta en escena de esa seudoinfluencia se había ensayado en los ’90 con el caso Elián González, el niño cubano retenido en Miami en contra de la voluntad de su padre. Ese escándalo internacional mostró a los líderes anticastristas en su dimensión más patética y causó un fuerte deterioro a la imagen de la comunidad cubano-americana en los Estados Unidos.

Las elecciones del mes pasado no sólo castigaron al presidente que más los apoyó –y que es el hermano de Jeb Bush, el gobernador de su estado– sino que los castigó directamente a ellos. ¿Por qué? Porque la elección no se decidió en Florida como la del 2000. Se decidió en estados del mediooeste como Missouri, Indiana y Kentucky, y del medioeste como Maryland y Virginia, todos políticamente moderados y típicos representantes del pensamiento del norteamericano medio, que a esta altura anda medio podrido de tantas peleas y que empieza a darse cuenta, después de las Torres Gemelas, de que la Guerra Fría terminó.

El mundo también cambió desde la primera vez que Raúl Castro habló de negociar, hace más de cuatro meses. Ya no hay chances de sacar conejos de la galera en Irak, el Líbano se cae a pedazos, los cañones están puestos en Irán, y de paz en Medio Oriente ni hablar.

Mientras tanto, en un clima en el que hasta presidentes de segunda no se privan de echarse una parrafada en contra de Bush, aunque sea pour la galerie –ni hablar de las poesías subidas de tono que le dedican casi a diario Hugo Chávez y el presidente iraní– Raúl Castro se traga los insultos de los norteamericanos y contesta con tono conciliador, casi amistoso, reiterando la oferta de sentarse a dirimir su diferencias en una mesa de negociaciones.

A cambio de un poco de serenidad le ofrece a Bush una oportunidad de salvar la ropa, de pasar a la historia como el presidente que retomó la relación con Cuba después de medio siglo. Y con todas las ventajas del “Síndrome de China”, como se llamó el acercamiento entre Nixon y Mao en el ’72 que llevó al restablecimiento de las relaciones entre Estados Unidos y China. El argumento entonces era que Nixon y Kissinger tenían más margen para negociar con Pekín porque la oposición demócrata no los podía correr por derecha. Ahora pasaría lo mismo.

Un par de datos de la actualidad podrían facilitar el diálogo. Primero, ya no está de por medio la figura de Fidel, el último sobreviviente de la confrontación con el bloque soviético. Esa ausencia obligada permite que no entren en juego factores emocionales que podrían interferir con un buen entendimiento. Segundo, hoy la prioridad absoluta del gobierno de Bush y de la gran mayoría de los norteamericanos es la lucha contra el terrorismo. En ese terreno es más fácil encontrar coincidencias con Cuba que en el de la confrontación ideológica entre el capitalismo y el comunismo que privó en los años de la Guerra Fría.

Pero lo más probable es que no pase nada. Aunque Raúl Castro refuerce su palabras con la liberación de algunos disidentes encarcelados y la gradual relajación de las medidas de seguridad adoptadas durante la transición, como lo viene haciendo en contrapartida con la ola represiva que pronosticaban en Miami mientras velaban a Fidel en vida.

La actitud de Estados Unidos sigue siendo intransigente, al menos por ahora. Un vocero de la Casa Blanca dijo el domingo que antes de negociar Bush quiere ver cambios concretos en la isla.

Cambios concretos hubo. En Cuba y en el mundo, porque el paso del tiempo es inevitable. No serán los cambios que Bush quiere ver, pero Raúl Castro no tiene la culpa.

 

Web de la noticia: http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-77346-2006-12-07.html